Retrato

Aprendí a leer bien pronto, y con cinco años me sentaba en un taburete de la cocina, cuando todavía no me llegaban los pies al suelo, para dictarle a mi madre los ingredientes de la comida del día siguiente. Pero no me dejaba acercarme al fuego, así que la primera vez que tuve una sartén en mis manos y el fuego encendido, sentí que algo muy poderoso estaba ante mí.

Después vino la maternidad, y todo empezó a ser más elaborado, comenzó una búsqueda, no solo de recetas atractivas a la vista, sino una búsqueda de nutrir adecuadamente a mi nueva familia.

No siempre salió bien, pero lo cierto es que ninguno de mis hijos aceptó jamás un potito industrial, por lo que tuve que aprender hasta envasar al vacío para llevarme todo cuando viajábamos.

Lo que nunca imaginé es que en mi cocina, heredada de mi madre y de mi abuela, fuera a unir dos países; España y Francia. A España le debo mi origen y a Francia le debo una familia con la que siempre soñé.

Así que así es mi cocina, de andar por casa, consagrando cada día el acto de preparar y crear, lo que vamos a compartir en la mesa.

Me siento viva cuando entro en la cocina, porque todo lo que hago es desde el corazón.

“ Solo los que aman se transforman” (Aristóteles)