Flan a la Vainilla Casero en Olla Exprés

Este Flan a la Vainilla Casero nos lo tenía preparado Mamie Simone la última vez que pasamos unos días juntos, en su casa de su Francia tan amada.Sabía que nos encantaba, y ya estaba preparado cuando llegamos.

También había preparado Pot-au-feu, que es de ella de quien aprendí la receta. Ese caldo caliente, en pleno diciembre, después de tantas horas de viaje, qué rico y reconfortante…

Es este un espacio gastronómico para compartir recetas, pero para mí es mucho más. Es un espacio donde a pesar de estar a la vista de todos, dentro de este mundo tecnológico, hay una historia en cada receta. Y quizá esta historia sea hasta ahora, de las más conmovedoras.

Y no está tan lejos de este espacio, pues ella ha sido la que me ha transmitido la gastronomía francesa tanto, hasta quererla tanto como a la mía. Cuántas horas juntas en la cocina, cocinando, pelando, cortando, poniendo mesa, quitando, fregando…Y hablando, hablando sin parar. Ella nada de español, así que no me quedó otra que aprender francés, aunque sin duda, ella ha sido mi mejor maestra de este idioma.

Lo siento, siento en parte necesitar hacer esto, porque supongo que muchos de vosotros buscáis aquí recetas, algo muy legítimo, pero esta vez habrá receta, la receta de este delicioso flan casero de nuestra querida Mamie Simone. Y también un homenaje a una gran persona.

Ella no me quería. El hecho de que su tan amado hijo se hubiera enamorado profundamente de una extranjera, y que la distancia física sería de casi doce horas de viaje, no lo pudo aceptar en un principio.

Fue poco a poco, paso a paso, encuentro tras encuentro, llegando niños y por ende siendo abuela, que no lo era, que fue dándose cuenta que yo no era más que una mujer con toda la ilusión por haber creado una familia muy soñada, que su hijo era inmensamente feliz y que tenía los nietos más guapos y más adorables que jamás imaginó.

Poco a poco empezamos a encontrarnos en cada viaje, hasta que llegó un momento que me dí cuenta de que cuando estábamos juntas éramos inseparables.

Le gustaba acostarse tarde y yo en plena crianza no me quedaba otra que madrugar y madrugar. Así que me gustaba, cuando mis niños ya estaban atendidos, prepararle un gran cuenco de fruta fresca, pelada y cortadita. Ella me decía que no lo hiciera, que ya bastante trabajaba, pero a mí, me encantaba. Mientras la comía ya hablábamos del día que teníamos por delante.

Los jueves, el mercado, no fallamos ni uno. Recuerdo un jueves, de los primeros, ay qué nochecita me habían metido los niños…Y yo, en chándal, muerta de sueño. Se acercó y me pidió que me pusiera bien guapa. Yo le decía a su hijo que qué manías tenía su madre, que tampoco por ir en chándal al mercado era tan grave. Después entendí…

Empezamos a encontrarnos con un montón de gente que la conocía (todo el mundo la conocía) y me iba presentando y nos íbamos parando. Claro todas sus amigas decían, ¡Ohhh, qué nuera más guapa! (Claro,qué iban a decir…)

Fue de vuelta a casa, que me cogió del brazo, y ahí sentí por primera vez que ella estaba orgullosa de mí. Que su intención no era aparentar, sino que quería que todo el mundo conociera a la mujer con la que su hijo compartía la vida y le había dado el gran regalo de ser abuela. Ella quería que todo el mundo supiera que ella me quería. Era su mirada, su postura, su gesto de cogerme del brazo como signo de acercamiento, lo que me hizo saber que a partir de ese momento el encuentro iba a ser cada vez más estrecho.

Le encantaba el jazz, bailar con sus nietos en el salón, alrededor de la chimenea, y sobre todo, cantar. En cada salida donde hubiera coche, no había silencio, o hablábamos o ella nos cantaba. Ir disfrutando del paisaje de los pueblos del sur de Francia, escuchando su canto, era grandioso.

Llegamos a tener nuestro momento “sagrado”. Era después de comer. Antes de recoger la cocina, preparábamos su café y mi té verde y nos sentábamos a tomarlos juntas. Siempre, siempre, acompañados de un dulce, como la tarta de manzana que tanto me gusta. La compartíamos, y teníamos nuestra tertulia. Hablábamos de la vida,de mi familia, de la suya, de la educación de nuestros hijos, de tantas cosas…

Son tantos recuerdos, que se agolpan, la echo tanto de menos…Es  lo que más me impactó cuando llegamos a su casa para decirle adiós. No escuchar su voz, ni sus sonoros besos a sus nietos en cuanto se bajaban del coche.

No sabía cuánto duele decir adiós. O al menos no con la conciencia y madurez de ahora. Solo faltaban unos días para que viniera a pasar unos días con nosotros. Estaba de contenta, contando los días para llegar…Pero la vida no nos lo ha permitido. O más que la vida, la muerte.

Al final, os regalo una imagen de unas de las maravillosas flores de su jardín, y la pieza de jazz con la que la despedimos. Una de sus predilectas.

Vamos con la receta de su exquisito flan, exquisito, como era todo lo que ella hacía. No tengo imágenes de los pasos, ya lo siento. como os comentaba, ya estaba preparado cuando llegamos…

Pero sí quiero hacer un apunte sobre la receta. Aquí no la he visto nunca, de hecho siempre he visto azúcar glas con sabor a vainilla. El secreto de este flan es que el sobre que lleva de azúcar con vainilla, es vainilla de Madagascar, una de las mejores vainillas. Nada que ver con el químico al que estamos acostumbrados. Si no la encontráis , raspad una vaina de vainilla natural, es lo más parecido en sabor.

Ingredientes:

  • 1 litro de leche entera
  • 6 huevos
  • 6 cdas soperas de azúcar
  • 1 sobre de azúcar avainillado

Para el caramelo:

  • 8 cdas soperas de azúcar.

Elaboración:

En un molde que quepa en nuestra olla exprés, prepararemos el caramelo. A fuego suave y sin mover, dejaremos que se vaya fundiendo el azúcar hasta que empiece a dorarse.

En la olla pondremos un par de vasos de agua y un plato de postre boca abajo en el fondo. Esto lo hacía ella para que el agua no entrara en el flan.

Encima pondremos el molde del flan con el caramelo.

Batiremos los huevos con el azúcar, la leche y el azúcar avainillado también. Volcaremos la mezcla sobre el caramelo. Y pondremos otro plato de postre sobre el molde.

Cerraremos la olla con su pesa y dejaremos cocinar al fuego durante media hora.

Retiraremos y dejaremos enfriar completamente. Guardaremos en la nevera durante unas horas y pasando un cuchillo por el contorno interno del molde, volcaremos con cuidado sobre la fuente donde vayamos a servirlo.

Receta Flan a la Vainilla Casero en Olla Exprés

Hasta pronto a todos.

Rosas Blancas

“Petite Fleur” de Sidney Bichet

Hasta siempre, Mamie Simone.

2 Comments

  1. Que historia tan bonita! Y tan triste a la vez porque ya no podréis verla mas…pero aunque no la tengáis físicamente, teneis los mejores recuerdos de ella y esos nunca se van. Un beso a toda la familia y gracias por permitirnos entrar en tu corazón. Deliciosa receta sin duda. Besos!

    • Inma dice:

      Muchísimas gracias amiga mía.
      Decir adiós es muy doloroso pero aunque duela, prefiero quedarme con esa parte de ella, con los mejores momentos vividos y compartidos.
      En cuanto a la receta, ella era una mujer muy sencilla en la cocina, recetas básicas que siempre quedan deliciosas.
      Besos guapísima 🙂

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